Frikkadilly Circus: Una nueva vida

martes, septiembre 16, 2008

Una nueva vida

Le dijeron que solo tenía
que caminar hacia el horizonte,
y acabaría viéndoles a todos.




Matt contaba ya con siete años, igual que todos los niños de su edad juega y se divierte, pero su caso es algo diferente. Matt soñaba continuamente, y además soñaba despierto. Soñaba con extrañas danzas, fantásticas criaturas y reuniones imposibles. Creía firmemente en la existencia de los elfos, enanos, gigantes, troles y unicornios, de hecho, casi los veía a diario, en sus más secretos sueños. Desde siempre había tenido esa sensación de especial singularidad. Se sentía único entre los suyos, pero en el último año, sus sensibilidades, sus sueños, se habían ido acrecentando y cada vez los sueños y fabtasías eran más frecuentes y vívidos. Sus sueños, cada vez más frecuentes se convirtieron también en cada vez más secretos.


Todo esos sueños tenía que conservarlos en secreto pues todos se reían de él o le criticaban por ser tan fantasioso. Todos menos Claire, la vecina. Claire era una joven estudiante de 24 años que se había mudado la primavera pasada al barrio de Matt. Sus ojos eran negros como su cabello largo, su tez era clara y sus gestos ligeros y tristes. Era una chica paciente y sensible que se ganó rápidamente la amistad de Matt. Ambos tenían mucho en común salvando el abismo de generaciones que les separaba. A Matt le gustaba ir a jugar con Claire, esta conocía muchos juegos divertidos y le contaba historias y cuentos que ya nadie más sabía. Conocía leyendas que Matt nunca había oído hablar y que cuando relataba a sus profesores, estos le decían que no se las inventara.


Matt aprendió a conservar sus sueños en secreto salvo cuando estaba a solas con Claire. Se sentía a gusto con ella, le entendía, le comprendía y le escuchaba sin tacharlo de loco o fantasioso. Le contaba sus sueños, y Claire parecía capaz de terminarlos, contando el final de lo que Matt soñaba o continuando sus historias. Matt sentía que Claire era alguien mágica y pronto comenzó a soñar con ella también, involucrándola en sus irreales fantasías sobre hadas y duendes.


Una mañana de vacaciones, Matt se levantó con un sueño más vívido y reciente que todos los que había tenido. El sueño lo retenía nítido y claro en su mente incluso después de despertar. Soñó con un mundo maravilloso, una tierra donde duendes, elfos, troles y sátiros reían, cantaban y bailaban alrededor de una fogata, donde todos le miraban y acogían en su grupo de alegría y solo sentía regocijo. Fue corriendo a buscar a Claire y le contó su sueño, le contó que se había visto dentro de un mundo fantástico divirtiéndose y que lo había sentido mas real que nunca.


- Entonces, eso significa que es tu hora – Dijo Claire seria mirando fijamente al niño – Ahora, tengo que serte totalmente sincera... –.


Matt se quedó estupefacto escuchando las palabras de Claire. ¿Qué tenía que confesar sobre sus sueños a un niño una persona como Claire?


- No soy quien crees, no eres quien crees y tu destino no es vivir una vida como la de los demás. Eres un hijo de la magia y la fantasía, eres un heraldo de verdades, adalid del destino para los tuyos. Quizá te sea confuso entenderlo, pero esas criaturas fantásticas con las que sueñan, son en verdad los tuyos -.


Los ojos del niño fueron tornándose de estupefacta sorpresa a increíble felicidad. No había entendido todo aquello que le había dicho su amiga, pero había entendido bien claro que él era uno más de todas aquellas criaturas con las que soñaba, y eso le llenaba de gozo. De pronto, una sensación de calor, felicidad, amor, gozo y paz, todo junto, le invadió y cuando miró hacia Claire, no era la misma. De pronto, Claire parecía más alta, mas portentosa, con orgullo lucía un hermosa vestido de seda con cola, sus cabellos eran de un rubio dorado y sus ojos más azules que el agua clara de un riachuelo de montaña, sus orejas acababan ligeramente en punta y su tez más que blanquecina parecía luminosa como el marfil o la luna. Los ojos del chico se encharcaron en lágrimas. Todo aquello era cierto y al fin se lo había podido demostrar a sí mismo.


- Solo tendrás que caminar hacia el horizonte. Esta noche, cuando el sol se ponga, camina hacia el horizonte que en cuanto amanezca, el sol te abrazará y verás por fin el deseado País de los Elfos con el que tanto sueñas. Recuerdalo -.


El niño pareció desfallecer de la emoción y cayó rendido. Horas después, se levantó en su cama ansioso, se extrañó al encontrarse en su cama y fue corriendo a preguntar a sus padres. Sus padres le contaron que Claire la había traído en brazos porque se había quedado dormido en su casa. Les pidió permiso para ir de nuevo a buscar a su vecina pero los padres le dijeron que Claire anunció que saldría de viaje durante un par de días a otras tierras. ¿A otras tierras? Esa era justo la señal que necesitaba.


Con pueril inocencia, se fue a su cuarto y a escondidas de sus padres, preparó un petate para llevárselo esta noche. Colocó algunas mudas de ropa, un par de zapatos, pan y queso que sustrajo hábilmente de la cocina y se preparó para su andadura en busca de toda la verdad. Impaciente contaba los segundos y minutos del reloj fijamente hasta que fuera la hora del anochecer. El tiempo parecía casi detenido e infinitamente largo, el entusiasmo le embargaba sobre manera. Cuando al fin anocheció, puso sus pies en camino. Se escapó por su ventana saltando al pequeño jardín de su casa y comenzó a caminar en dirección contraria a la puesta del sol.


Llevaba horas caminando, no sabia donde estaba, ni que hora era, solo tenía un presentimiento en su corazón de que en breve, el sol le abrazaría y se reuniría con los que de verdad son su pueblo, su gente. Sus pies, pequeños y cansados apenas podían más, pero su espíritu les obligaba a andar a pasos forzados y dolorosos. En el horizonte, comenzó a despuntar la claridad. El sol empezaba a aparecer por fin, sus ojos se llenaron de lágrimas, ya estaba cerca de casa. Comenzó de nuevo a andar con renovadas ganas. Su espíritu, su conciencia, su cuerpo, estaban de pronto descansados y ansiosos por ver que había más allá del horizonte que todos vemos pero casi nadie atraviesa. Comenzó a correr en dirección a él, buscándolo. De pronto, contra la luz del alba, una silueta se dibujó. Era Claire, la Claire que todos reconocerían si la viesen. Se acercó y le dijo:


- Ya es casi la hora, ¿verdad? -.


Claire sacó de su bolsillo dos pequeñas piezas de color carne. Se las mostró a Matt, eran como dos puntas de oreja de goma. Luego, de una bolsa que llevaba sacó una peluca rubia y un vestido largo de seda y le preguntó a Matt:


- ¿Te suenan? - Inquirió Claire al niño.


- Son las ropas que llevabas y tus orejas, cuando te transformaste en elfa -.


- Idiota, no me transformé, solo me disfrazé y te dije lo que estabas deseando escuchar – Contestó inquisitiva la joven -.


- ¿Qué? No lo entiendo, ¿dónde esta entonces el País de los Elfos que me anunciaste? - Dijo el niño con los ojos llorosos y la garganta apretada - ¿Dónde están los duendes que hacen cabriolas y juegan y bailan y saltan? -.
- En tu cabeza, imbécil, eso que llamas País de los Elfos no existe, nunca verás duendes bailando y cantando, jugando alrededor de la hoguera, solo lo soñaste porque yo alimentaba tus fantasías con cuentos sobre mundos feéricos. Eres un tonto si de verdad pensaste que eras uno de ellos y que llegaría a su reino -.


El niñó cayó de rodillas al suelo. Sus ojos estaban rojos e inundados en lágrimas. Se sentía desfallecer y mareado, pero su dolor era tan grande que ni eso podía. El pecho le apretaba y la garganta se encojía, le costaba respirar cada vez más, hasta el punto de sentirse morir. Claire comenzó a alejarse mientras dejaba atrás al niño que pataleaba, tosía y escupía de dolor, mientras sus casi agonizantes sollozos iban perdiéndose en la distancia. Claire iba contenta, su sonrisa fue marcándose cada vez más amplia hasta que se dijo en voz alta:


- Lo has hecho muy bien, Claire, la mejor manera de sobrevivir, es esa, si no le dejas sin ilusiones y fantasias, son las tuyas se pierden. Has hecho muy bien... -.

2 comentarios:

Cobra dijo...

Que cruel.. Maky, como te has colado..
que penita de niño...

Pika dijo...

¿Cómo se ha colado Maky? He sido yo quien lo ha escrito y publicado! ! ! XD