Frikkadilly Circus

domingo, septiembre 07, 2008

El rincón del escritor...

Como me ha costado tanto esfuerzo aprender a publicar una entrada, voy a poner el siguiente trozo para que no os sintais frustrados xD ... el verdadero primer capítulo de la historia... Saludos!!!

-- Reith --
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Primer Capítulo:

Seguía sin entender nada, no sentía mi cuerpo, era como… ¿si flotase? No sé. Entonces vi un destello a lo lejos, una preciosa y cálida luz que brillaba entre tanta oscuridad. Fui acercándome lentamente con miedo, no sabía que me esperaba allí. Con cada paso la luz se hacía más grande, más intensa, más fuerte… es como si me estuviera llamando y entonces, a escasos centímetro de ella, alargue mi brazo intentado tocarla con la yema de mis dedos pero…
-Todavía no… -dijo una voz dulce de mujer.
Vuelta a la oscuridad, sin poder averiguar dónde estaba. Quise abrir los ojos pero los parpados me pesaban, poco a poco los sentí más ligeros y decidida abrí los ojos buscando algo. Estaba de pie en una habitación gris muy deprimente, en ella había maquinas, muchas maquinas; además una mesa con material quirúrgico. Debía de estar en un hospital. Me di la vuelta lentamente y vi a una chica tumbada en una camilla. Tenía el pelo largo y negro, cayendo pequeños mechones ondulados sobre la camilla, su cara era fina y delicada, con rasgos muy definidos. Sus labios eran finos y… de color morado, su piel pálida y fría. Permanecía inmóvil, inerte, un cuerpo sin vida ni alma… parecía estar… muerta pero era tan joven… no debería tener mucha edad. Me fije y su cuerpo estaba lleno de heridas y moratones. Entonces la puerta blanca de mi espalda se abrió, entró un enfermero…
-Perdona –dije intentando llamar su atención
-Que lastima –dijo acariciándole la mejilla
-Perdona, ¿Quién es? –dije de nuevo al enfermero
Pero este no me hizo caso, se fue hacía una mesa y comenzó a preparar los utensilios. No quiso responder a mi pregunta, menudo maleducado. ¿Quién era ella? Me resultaba muy familiar y… espera… ¿Quién soy yo? ¿Cómo me llamó? ¿Qué hago aquí? Sentí un dolor agudo en mi pecho, me lleve una mano al corazón apretando con fuerza mi camiseta esperando a que el dolor remitiese.
-¡Oye! Necesito ayuda –el chico no me hacía caso- ¡Te estoy hablando! ¿No eres enfermero? ¡Te estoy diciendo que necesito ayuda! –Nada, él seguía de espaldas a mí- ¿Pero qué clase de personal tiene este hospital? –me fui hacía él- Me duele mucho el… -no termine la frase
Intenté tocarle y mi mano traspasó su cuerpo, transformándose en humo. Di un paso atrás y mi inspeccione la mano… una mano normal o eso me parecía a mí. Me arme de valor y lo volví a intentar, pero el resultado fue el mismo. ¿Ese chico era un fantasma? ¿Me estaba volviendo loca? Una mano me cogió de la muñeca, al darme la vuelta vi que era esa chica tumbada en la camilla, aun con los ojos cerrados. Pero sus parpados se abrieron dejándome ver unos profundos ojos negros, movió la cabeza hasta que su mirada se encontró con la mía.
-¿Tienes miedo, Kira? –me dijo con una sonrisa maliciosa
Me asusté mucho y no sé como conseguí rescatar mi mano de la suya.
-Kira… ¿tienes miedo? –volvió a decir mientras me miraba
Retrocedí poco a poco sin apartar mi mirada, estaba en shock… ella estaba muerta, o eso parecía ¿Qué pasaba? Sin darme cuenta me caí y me quede sentada en el suelo. Cuando volví a mirarla parecía no haberse movido, estaba como la primera vez. Inmóvil. Con los ojos cerrados. Me levanté temerosa mientras el chico se acercaba a ella con una bandeja.
-Bueno, este es el final de tu camino guapa –dijo mientras soltaba la bandeja- ahora estas muerta, postrada en esta camilla de hospital. Eres toda una preciosidad y muy joven… tenías derecho a vivir y… bueno, no sirve de nada pensar en lo que podría haber pasado. Lo que ha pasado es triste, pero… es la pura realidad.
Si estaba muerta ¿Por qué me había cogido la mano?, el miedo se apoderó de mí y me iba hacía la puerta para salir de allí cuando pase frente a un cristal… miré mi reflejo y… yo era esa chica, era yo… miré de nuevo la camilla y vi que éramos completamente iguales. ¿Gemelas? ¿Mellizas? ¿O simplemente hermanas? ¿Familiares? O… ¿era yo? ¿Estaba muerta? Podría ser. Por eso el chico no me respondía, no me veía ¿no? ¿Las personas ven a los fantasmas? Yo seguía sin recordar quién era y cada vez estaba más confundida. Necesitaba salir, me faltaba el aire. El enfermero se levantó y se dirigió a la puerta, salí tras él y me encontré en el pasillo de aquel hospital. Comencé a gritar, intentando que alguien oyera mis gritos de socorro, pero nadie parecía percatarse de mi presencia. Corrí por los pasillos esquivando los obstáculos pero ¿para qué lo hacía? ¿Los podía atravesar como al enfermero? Me paré en secó en mitad del pasillo, dos enfermeras muy pintadas y arregladas venían hacía mí, cerré los ojos temiendo que me doliera. No sentí nada. Al abrirlos miré atrás y las vi, seguían su camino como si nada hubiese pasado y en cierto modo era eso ¿Qué había pasado? Nada, ellas seguían con sus vidas sin imaginar siquiera lo que me estaba ocurriendo. Al volver a girarme y mirar de frente un celador me estaba atravesando como las enfermeras, pero este además llevaba una camilla con un niño pequeño, a su lado iban sus padres, o eso supongo. Los vi alejarse… ¿yo tenía padres? Claro, todo el mundo los tiene y yo no iba a ser menos. Además podía tener hermanos, primos… familiares. La cuestión era: ¿Dónde estaban ellos? Me sentía sola, abandonada. Me senté en aquel suelo rodeando mis rodillas con mis brazos y hundiendo mi cabeza en mis piernas, daba igual que estuviese en medio del pasillo, ya que yo no estorbaría.
-Por favor, Tai, tráeme el historial del paciente de la 226 –la voz vino desde el despacho de mi derecha
Esa voz… era la que escuche, la del doctor. Me levanté y me dirigí a la puerta. Mi primera intención fue girar el pomo, y como no, el resultado no fue el que esperaba. Me costaba un poco aun asimilar lo que me estaba pasando. Entré atravesando la puerta y vi a un hombre de avanzada edad con bata blanca sentado detrás del escritorio. En este se encontraba una placa que ponía: Doctor Klein. Sí, era él, oí a la enfermera llamarlo así. Me fije muy bien en él. Era un hombre de complexión grande, regordete y de manos grandes. Pelo canoso entre blanco y grisáceo y de ojos claros. Frente a él la enfermera, una mujer también de avanzada edad. Llevaba el pelo recogido en un moño impidiendo que cualquier mechón rebelde escapase. Vestía una camiseta y un pantalón azul claro.
-Dirk, ese paciente fue…-Tai no terminó la frase cuando el Doctor comenzó a resoplar. Se estiró y se echó sobre la silla.
-Sí, fue él. Menuda juventud de hoy en día.
-No toda la juventud es así, Dirk, y lo sabes.
-Ya, pero pagan todos, justos por pecadores ¿no es lo que se dice? –Se incorporó y miró a la enfermera mientras apoyaba sus brazos en el escritorio- hoy perdí una paciente, una chica de 20 años, y eso no tiene vuelta atrás.
-Hiciste todo lo que pudiste, ella llegó muy mal al hospital…
-Lo sé, pero no es escusa, se supone que vienen aquí para salvarse no para morir. Su estado era grave, sí, pero podíamos haberla salvado.
-Dirk, estaba completamente magullada. Había sufrido un fuerte golpe en la cabeza, daños en la columna vertebral, estaba inconsciente...
-Tai, estaba en la flor de la vida, 20 años, justo 20 años. Hoy era su cumpleaños… -Tai bajo la mirada- Y todo por una imprudencia. Cada día llegan aquí millones de personas heridas a causa de un accidente en la carretera y el 90% de los heridos no fueron los causantes del accidente. Esta chica paseaba por la calle cuando él perdió el control de su vehículo. ¿Quién le da un coche a un chico de 16 años? ¡Es una locura! Ahora los jóvenes confunden el divertirse con el poner en riesgo sus vidas. Beben, fuman, no duermen bien… y eso es divertirse. Este chico se fue de fiesta e iba conduciendo bajo los efectos del alcohol, terminó arroyando a esta chica. Él está en la UVI, está grave pero saldrá de está…ella… no. Pobre Kira –ese nombre, ¡era el mío!- pero ahora es mi deber curar al chico.-firmó unos documentos y se los entregó a Tai, la enfermera- póngale suero y hágale las pruebas necesarias.
-Entendido, ahora mismo Dirk –miró los documentos.
Yo estaba en shock, había muerto por la imprudencia de un chico de 16 años. Encima menudo regalo de cumpleaños… el fin de tu vida. Seguí a Tai que se dirigía hacia la habitación de ese chico. Entre llena de rabia y vi un cuerpo algo magullado prostrado en la cama, mirando por la ventana con una cara inexpresiva. Tai se acercó a él y comenzó a cambiar el suero. Luego le haría una analítica de sangre. Yo me puse frente a él a los pies de su cama.
-¿Te parece bien? –dije en voz baja- ¿estás contento? Espero que te divirtieras. Así recordaras la mejor noche de tu vida con alegría ¿no? Me has quitado la vida por una locura, por una estupidez –lo miré con rabia viendo como su cara seguía sin expresar algún sentimiento, me hervía la sangre- ¿No sientes nada? –dije alzando la voz- ¿Puedes vivir con esto? Has matado a una persona, a mí, por hacer el tonto.-seguía igual, sin inmutarse de nada. Comencé a sentir lástima por él- Tú vivirás y llevaras sobre tus hombros el peso de mi muerte. No sé qué clase de vida tenía ni siquiera sabía quién era, pero quién me da lástima… eres tú.
-Lo siento… -dijo en voz baja- lo siento mucho
-¿Qué? ¿Has dicho algo Albert? –dijo Tai
-Que lo siento, no quería esto –miró a Tai a los ojos, estaba a punto de llorar- ¿Cómo está la chica? La que… atro… atro… -no podía seguir
-Albert, ahora no es el momento. Debes curarte
-Pero ¿Cómo esta ella? –volvió a interesarse por mi
-Ella… ha fallecido esta madrugada
Con los ojos empañados volvió su mirada a la ventana, mirando de nuevo el paisaje. Resbalando por su rostro finas lágrimas. No quiso decir nada más y Tai no le insistió, solo se limitó a hacerle las pruebas. Yo lo había oído todo y de nada servía sentir rencor o rabia por él, ya había sucedido todo aunque no lo había perdonado. Salí de la habitación y fui sin rumbo por los pasillos, metida en mis pensamientos, intentando recordar algo de mi vida. Cuando quise darme cuenta estaba frente a la puerta del despacho del Doctor Klein. Me quede de pie al lado y entonces esta se abrió.
-Jim no tardes, el doctor estará a punto de venir –dijo una voz desde dentro
-Tranquilo, voy un momento al servicio y vuelvo –dijo el chico moreno que salía de la habitación.
Me quede mirándolo, me sonaba su cara pero no sabía de qué. Era alto, moreno, de ojos verde agua, fuerte… muy guapo. Pasó a mi lado sin mirarme. Normal, ¿Qué esperaba? Ahora soy un simple fantasma. Sentí curiosidad y decidí asomarme al despacho. Traspase la puerta y vi a un chico castaño, muy parecido al otro. Pero no era tan fuerte y musculoso, sino un chico normal, muy guapo y de ojos marrones, unos preciosos ojos marrones. Que me miraban fijamente… espera… ¿me miraba? Tenía los ojos completamente abiertos mirando hacía donde yo estaba, gire mi cabeza para ver si había alguien detrás de mí, pero no era así. ¿Me estaba mirando a mí?
-¿Puedes verme? –dije mientras le miraba fijamente.

3 comentarios:

AmaRiE dijo...

Wwwwooowwwhhh Reith!!!!
Me ha encantado tu relato, enlaza temas que me gustan mucho a mi personalmente (los fantasmas, el más allá, el más acá, el medio hospitalario...) sumandole que es una historia triste (mis favoritas) y sobre un tema muy real y de actualidad (los accidentes de tráfico, cientos de personas mueren por imprudencias similares a las narradas en tu relato)... y como guinda final... la prota se llama KIRA!!!! Es un nombre waiiiisiiimo para mi (aunque lo tengo más asociado a chico que a chica). CONCLUSIÓN: He flipado y pasado un buen rato gracias a ti.

Besos chula... y gracias al cielo aprobechas bien tus ratos de aburrimiento...

......AmaRiË......

Pika dijo...

LOL! Tiene buena pinta según nuestra amiga Amarie (que aún no se ha convertido en colaboradora... ¬¬u ). Lo que pasa es que me cansa muchísimo leer en el ordenador, así que me lo imprimiré y lo iré leyendo en papel del normal.

Besitos. ;)

Reithenya dijo...

Si lo que quieres, Pika, es el archivo con la historia al completo, pídemelo que lo tengo por aquí y un día que te conectes te lo paso. Me alegro que os esté gustando, pero como ya digo no es mio el relato, es de mi amiga Anabel. Cuando acabe de colgar este comenzaré con algún otro que sea mío. Besitos!!!

-- Reith --